2009

Recuerdos de Daimiel

Es posible que en poco tiempo tengamos el dudoso honor de retirar la calificación de parque natural a las Tablas de Daimiel.

A la sequía -esta sí- pertinaz, causada no por la voluble naturaleza sino por la mano del hombre hay que añadir ahora la repetición de un fenómeno que no deja de ser dramáticamente curioso; la combustión de la turba que forma el inmediato subsuelo de las tablas.

Un desastre en toda regla. Posiblemente el final definitivo del primer parque humedal de España.

La primera vez que oí hablar de la turba fue de joven en aquel bachillerato en el que creo que aprendí algunas de las cosas más importantes que aún sé. Mi libro lo describía como un tipo de carbón que se forma en zonas inundadas. Más tarde supe que se usa también para filtrar el agua del whisky en la highlands escocesas, lo que tiene su aquel.

Han pasado décadas pero aún recuerdo vivamente un viaje a Daimiel con un grupo de amigos aficionados a la ecología, en plena Semana Santa. Recorrimos entonces las lagunas en unas barcas planas y alargadas como las que hoy descansan sobre la tierra seca. Vimos patos, fochas, garzas y aún puedo ver a una cigüeñuela que, rebuscando en el limo, parecía posar orgullosa ante nuestros binoculares y nuestras cámaras.

Me duele imaginar aquella laguna hoy seca y ardiendo en sus entrañas. Y también yo me quemo un poco por dentro.

No sé si comprenderemos alguna vez los ciclos de nuestro mundo ni tampoco si seremos capaces de asumir nuestra responsabilidad como seres inteligentes que dicen que somos pero en las Tablas de Daimiel algo se ha hecho mal, muy mal.

Foto publicada en http://apudepa.blogia.com/

La maldición del ejército de España

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Un año más, el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre en Madrid, ha sido escenario de gritos e insultos contra el Presidente del Gobierno.

Parece que Rodriguez Zapatero se lo ha tomado como parte del espectáculo. Y puede que tenga razón. Es parte del espectáculo de las Fuerzas Armadas españolas que los nostálgicos de la dictadura las tomen como algo suyo.

Hoy, como todos los años, ese reducto de antiguos fascistas, ha hecho su papel en el espectáculo del desfile. Han ido a vitorear a un ejército que no es el que ellos recuerdan y añoran. Pero que tiene que soportar cada año esa maldición.

Bien es cierto que nadie en la historia ha sido capaz de interiorizar la simbología militar como lo hicieron los fascistas, fueran españoles, alemanes o italianos. Y esa imagen tan particular de lo castrense pervive aún en las capas, los pendones, los tanques, la caballería, el paso marcial y -como no- en la cabra de la Legión. Pero el ejército cuyos soldados han desfilado hoy, aunque lleve la cabra que tanto entusiasmo concita en los corazones de ese tipo de público, no es en absoluto aquel que acogotó las libertades en España.

Qué más quisieran. Por eso se han congregado para desahogarse faltando al Presidente a la Vicepresidenta y a cualquier demócrata que hubiesen tenido a mano. Algunos incluso al Rey. Es lo que hay.

Lo que no he entendido bien es por qué se molesta el alcalde de Madrid. No me gusta que se haga el tonto porque Ruiz Gallarón tiene que saber que esa gente considerará siempre ilegítimo y usurpador a cualquier Gobierno que no sea el partido del Alcalde, o alguno peor.

Esperanza Aguirre ha estado prudentemente callada, seguramente porque aún recuerda cuando el PP empujaba a ese tipo de gente a deslegitimar al Gobierno con esos mismos gritos en la misma calle. Yo también me acuerdo.

Atuneros al tun tun

Si no fuese un drama el que están viviendo los pescadores y sus familias de Bermeo, Galicia, Insonesia, Seychelles, etc. la verdad es que toda esta polémica tendría algo de chusco.

Suena a broma que ahora salgan de debajo de las piedras expertos en derecho marítimo, en seguridad y en escolta de buques y hasta defensores del «impuesto» ecológico que cobran los somalíes por la «esquilmación» de sus aguas. No tengo palabras…

No sé que han hecho el comandante de la fragata «Canarias» o el de la francesa «Germinal» para alcanzar sus grados militares pero al parecer, cualquiera en la barra de un bar se ve con más preparación que ellos para poner fin a esa situación.

Las soluciones taumatúrgicas a las que tan aficionados somos en España o en el Estado Español (pongan a su gusto) se centran ahora en el embarque de infantes de marina. Auténtica piedra filosofal, bálsamo de Fierabras o ungüento amarillo contra la piratería. A problemas complejos soluciones simples, parece que es la consigna.

Pero de toda la fauna opinadora y solucionadora -de una vez por todas- de este asunto tan triste el que más me gusta es el portavoz nacionalista vasco en el Congreso Sr. Erkoreka, que reclama airado la presencia de infantes de marina a bordo de los atuneros pero cuyo partido hizo una peregrinación hace unos meses al monte Gorbea para «exorcizarlo» de la presencia de militares españoles que osaron hacerse una foto con la bandera roja y gualda enganchada a la cruz de amor que hay en lo más alto de aquel monte. No solo eso sino que su partido pretende prohibir la presencia de uniformados españoles en la casa de Juntas de Gernika, indignado también al ver que habían sido invitados en su día a la toma de posesión del Lehendakari.

Al Sr.. Erkoreka le dedico el video que sigue, porque ….él sí que vale…

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De las vacas flacas a las cabras gordas

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Ayer comí junto a mis compañeros Bixen y Javier. Bixen había tenido que intervenir en el pleno en relación con temas de empleo y en la comida estuvimos hablando de cómo la estructura empresarial y el modelo productivo se han visto afectados por la crisis. Está pasando en Euskadi, en el resto de España y en todo el mundo.
Reflexionamos acerca de que el mundo nunca sale de crisis como ésta para volver a ser lo que era. Sale modificando las formas de producción y creando nuevos modos de aprovechar el conocimiento y el trabajo de las personas.
Empresas más pequeñas, más austeras, más versátiles y más capaces de aprovechar oportunidades de negocio que resultan inalcanzables para las empresas tradicionales.
Lo más probable es que después de las vacas flacas lo que venga sean las cabras gordas.

Litrar


Esta semana estaba hablando con mi hijo adolescente de sus cosas cuando de pronto pronunció una palabra que interrumpió la conversación: “litrar”. Al oírla contesté algo así como ¿qué has dicho? ¿litrar? ¡Un nuevo verbo!…¡y de la primera conjugación!… ¡¡Litrar!!. Los dos estallamos en una carcajada. Les había oído decir “hacer litros” como descripción de esa actividad lúdica típica de los jóvenes que no pueden beber alcohol pero que aún así lo beben. Sin embargo la creación de un nuevo verbo me pareció que era la certificación definitiva -la consolidación- de una forma de ocio que ha arrasado incontestablemente entre los adolescentes.


Él sabe, porque se lo he dicho, que me parece mal que lo haga y yo también sé que me hace caso a veces y otras veces no. El deporte, que practica con asiduidad y pasión, resulta una disuasión más efectiva que su padre pero tampoco es infalible, las cosas como son.

Transitar por la línea fronteriza entre las buenas y las malas costumbres, entre la rebeldía y la aceptación de la autoridad, me temo que ha sido parte inherente del comportamiento de los jóvenes de todos los tiempos. A veces esas conductas tienen consecuencias terribles y otras veces –afortunadamente- queda en sustos y poco más.

No voy a decir que me parezca bien que los jóvenes beban. No me lo parece. Y tampoco negaré los problemas que crea la práctica del botellón en los espacios públicos pero antes de descolgar la espada flamígera de la condenación eterna de los adolescentes prefiero reflexionar sobre el modelo de ocio que hemos creado en esta sociedad que es el que es y ha pasado siempre por el consumo colectivo de alcohol.

Si una actividad ha adquirido tanta solidez y extensión social como para que de lugar incluso a la creación de nuevos verbos como ese asombroso “litrar” convendría que reconociésemos que estamos ante un fenómeno que merece una atención más profunda que la de la pura y simple condena sin matices. A esa reflexión podría ayudarnos recordar cómo utilizábamos nuestro tiempo cuando teníamos su edad.

¿Salir de la crisis?

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Últimamente cada vez que se oye o se lee acerca de alguna medida tomada por los poderes públicos su descripción va siempre acompañada por alguna frase o admonición acerca de que esta o aquella medida es “para salir de la crisis”. Por supuesto quienes piensan que se debería optar por medidas distintas o contrarias incluso a las propuestas, dicen que con esas medidas no saldremos de la crisis mientras que con las que ellos proponen sí lo haremos.

He buscado una imagen que me parece bien ilustrativa de lo que significan las medidas que se están adoptando, sea desde el Gobierno de España, desde el Gobierno Vasco, desde cualquier gobierno autonómico e incluso desde otros gobiernos europeos y hasta de los Estados Unidos. Es, como ven, la imagen de un chaleco salvavidas. Podremos discutir el tamaño, forma o idoneidad del chaleco, incluso si debemos dárselos primero a “las mujeres y los niños” de la economía o, por el contrario, a “los más preparados” pero tengamos claro que se ha hundido el barco de una economía desregulada ideal para quien quisiera ganar más y hacerlo antes. Se ha ido a pique el tiempo de la irresponsabilidad financiera, de las remuneraciones a directivos ajenas por completo a su capacidad de generar riqueza. Ha pinchado el globo de una especulación permanente en la que los precios siempre subirían y jamás bajarían (que era lo que decían en nuestros modélicos bancos a los solicitantes de hipotecas).

Insisto. El estilo económico que hoy hace un año se derrumbó con la simbólica quiebra de Lehman Brothers no va a volver. Se ha hecho mucho por ayudar a bancos y entidades financieras de todo el mundo. Ya llegará el día –espero- en que toque revisar si toda aquella inmensa ayuda de emergencia que todos pagamos era o no moralmente justa, aunque seguramente fuese estratégicamente imprescindible para evitar el colapso definitivo de la economía mundial. Ya veremos.

Algunos ganaron muchísimo dinero, otros bastante menos, la mayoría de la humanidad quedó, como siempre, al margen, y los Estados recaudaron -todo hay que decirlo- jugosos ingresos a todos los niveles, desde las haciendas estatales hasta los pequeños ayuntamientos.

Salvo una casta de «preparadísimos intocables» que demostró tener en su seno el mismo porcentaje de estúpidos, ineptos y codiciosos que cualquier otro colectivo humano pero mucho más dañinos en razón de su inmenso poder, no es fácil señalar culpables (por tranquilizador que sin duda resultaría). No fueron los trabajadores, ni las empresas productivas, ni tampoco las administraciones públicas las que generaron la crisis, pero conviene que seamos conscientes de que ningún gobierno está ahora en condiciones de reflotar el barco hundido si es eso lo que se entiende por “salir de crisis”.

De momento conviene que nos pongamos a construir con cuidado el barco al que nos subiremos la próxima vez y mientras tanto repartamos salvavidas. Es lo que se puede hacer.
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SUPerdemagogia

Leo con disgusto y decepción un comunicado del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en el que se acusa a “unos cuantos privilegiados” de tener escolta «por una cuestión de distinción social o por disponer de un vehículo ‘gratis total’» en contraposición al riesgo efectivo que corren las casas cuartel de la Guardia Civil.


Comprendo y comparto la indignación que han causado los últimos atentados contra la Guardia Civil que han costado la vida a Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá y que pretendían también matar a guardias, maridos, esposas e hijos de éstos en Burgos. Pero me parece que aprovechar estos momentos de indignación para criticar a otras víctimas menos cercanas al cuerpo es demagógico, innoble e indigno de ninguno de los sindicalistas que a lo largo de mi vida he conocido hasta ahora. Alguno de ellos policía también.

Los que habéis leído mis opiniones en este blog habréis deducido enseguida que soy uno de esos “privilegiados” a los que se refiere el comunicado. No era así hace unos meses pero la vida da vueltas y nos pone ante nuevos retos y responsabilidades.

Los firmantes del comunicado del SUP saben muy bien lo que significa tener que vivir siempre escoltado, claro que lo saben. Y saben también perfectamente que no faltan personas que piensan -en efecto- que tener escolta es un chollo. Porque lo saben y porque saben que decirlo tendrá su público es por lo que han utilizado deliberadamente un argumento tan injusto como hiriente.

Si el SUP o algunos de sus dirigentes supiera, como se deduce de su comunicado, dónde está la línea de seguridad que separa a los “privilegiados” con escolta de los verdaderamente amenazados, deberían hacerla pública. Yo espero y deseo estar en el lado de los innecesariamente protegidos, se lo aseguro, pero la información que indecentemente insinúan tener pero que no facilitan podría haber salvado otras vidas, como la de mi compañero Isaías Carrasco, que renunció a su escolta cuando abandonó la concejalía de Mondragón y quiso así dejar de ser un “privilegiado”. Una pena que los firmantes de ignominioso comunicado del SUP no hubiesen estado allí entonces para decirle que se equivocaba, que él seguía en el lado malo de esa raya que aparentan conocer.

Nunca he creído que para ser policía haya que ser de derechas pero comprendo que mucha gente lo piense, sobre todo al ver a un sindicato cuyos dirigentes han estallado en críticas al Gobierno solo cuando éste ha sido de izquierdas mientras estuvieron bien callados ante los gobiernos anteriores, que mantuvieron a sus afiliados incluso en peores condiciones de las que ahora denuncian como intolerables.

Ellos tenían razón y yo no

El pasado jueves asistí a la comisión permanente del Parlamento, en la que escuchamos las comparecencias de los consejeros de sanidad actual y anterior. Entre la intervención del Sr. Bengoa y la del Sr. Inclán, la presidenta, nos propuso una declaración institucional de condena del atentado contra la casa cuartel de Burgos. En ese momento se montó un pequeño rifirrafe con el representante de Aralar, Sr. Maeztu, que criticó el procedimiento seguido para la condena. La cosa quedó en poco y al cabo salimos todos a la entrada del Parlamento para manifestarnos contra la –entonces- última salvajada de ETA.
En medio de la discusión entre la presidenta y el parlamentario se dijo que…“para la próxima vez”…se vería de hacer un procedimiento diferente. Me chocó que se hablase con tanta naturalidad de “la próxima vez”. Al fin y al cabo un atentado es una intromisión intolerable en la vida democrática y no me gustó que se diese por hecho que debiéramos tener un procedimiento reglado para su condena.

Siempre me he resistido a darle al terrorismo ninguna carta de naturalidad, ni siquiera en los más mínimos detalles porque creo que hacerlo ha sido uno de los síntomas del deterioro moral de la sociedad vasca.

Cuando ya quedaba poco para terminar la sesión empezamos a recibir noticias del atentado de Palma. “La próxima vez” se había producido durante la misma sesión. Mi pequeña rebeldía había quedado en nada.

Jibraltar Espania da

El ministro Moratinos está levantando una polvareda considerable con sus últimos viajes diplomáticos. Primero se fue a Guinea Ecuatorial en una visita que algunos interpretaron como el espaldarazo a un régimen dictatorial. Fue gorda. Pero es que ahora se la ha ocurrido nada menos que ir a Gibraltar. 300 urte eta gero hau.


Moratinos va a Guinea Ecuatorial, el único país africano donde se habla español pero ni mucho menos el único país africano gobernado por un dictador. Moratinos va también a Gibraltar y en ambos casos rompe una tradición de negación de una realidad que existe. Tanto si nos gusta como si no. ¿Un ministro que reconoce la realidad?..¡Hasta dónde vamos a llegar!.

Gibraltar es lo que es porque el 8 de octubre de 1711 empezó una historia de separación del peñón respecto al resto de los reinos de España. Digo Reinos de España porque España como estado nacional no existía en absoluto. Tan no existía que quien firmó los acuerdos con la reina Ana de Inglaterra por los que se le cedía Gibraltar (y Menorca y otras prebendas*) fue el rey de Francia Luis XIV que firmaba legítimamente en nombre de su familia, en concreto en nombre y con autorización expresa de su nieto. ¿Y quién era su nieto?… acertasteis… el rey de España Felipe V.

Por lo tanto fue un pacto entre familias y no entre naciones, porque nada de eso existía como tal en 1711, ni tampoco en 1713, cuando el pacto se ratificó en Madrid y en Utrech. Por ese pacto y no por otra cosa Felipe V fue reconocido como rey de España y de sus Indias.

El mundo entonces era así y no de otra manera. Y después de casi 300 años es estúpido hacer como si Gibraltar fuese algo así como una provincia arrancada de la “Madre Patria”. Gibraltar está en manos inglesas antes de que existieran el Estado Español, el Estado Francés y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Antes de que fuese inventada” Madre Patria” alguna.

Bien por Moratinos, que reconoce y administra una realidad que puede que no nos guste pero sobre la que él sabe que tiene que tomar decisiones porque lo que importa es la gente que vive hoy no la que firmó un papel hace tres siglos.
No sé por qué pero todas estas cosas tan tremendas a mí me suenan a conocido. ¿A ustedes no?


* Entre ellas figuraba el “asiento de negros”, es decir el monopolio sobre la caza de esclavos de la América Hispana y África (posiblemente también en lo que hoy es el territorio de la oprobiosa dictadura de Obiang). El texto no tiene desperdicio: “que por cada negro, pieza de Indias, de la medida regular de siete cuartas, no siendo viejos ni con defectos, según lo practicado y establecido hasta aquí en las Indias, pagarán los asentistas treinta y tres pesos escudos de plata y un tercio de otro,…”

Malditos corruptos. Benditos corruptos

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Malditos corruptos que destruyen la reputación de miles y miles de alcaldes, concejales y políticos honrados. Que roban cuanto pueden del dinero que los ciudadanos les confiamos. Malditos corruptos que dan alas a los enemigos de la democracia. Que traicionan la buena fe de sus votantes y de sus partidos. Malditos corruptos que aun siendo pocos, como si se tratase de conductores temerarios, convierten la carretera de la política en un espacio de riesgo para los demás.

Benditos corruptos que me facilitan la coartada para la insolidaridad. Que permiten justificar mi absoluto desprecio por cualquier compromiso que la sociedad me pida. Que justifican que evada impuestos y que convierten mis pequeños engaños casi en actos honorables. Benditos corruptos que me dan portadas. Que mantienen abierta mi esperanza de que un día yo también pueda dar el pelotazo con la huerta abandonada del abuelo o con el piso de la playa.

Asusta que la corrupción política en España tenga tan poco castigo social. Es asombroso que quienes han robado a todos puedan contar, como sucede tan a menudo, con el arma del apoyo popular.

Si no hubiese políticos corruptos tendían que inventarlos para tranquilizar las conciencias de demasiados ciudadanos quejicas, reivindicadores airados de lo mucho que creen suyo y, a la vez, profundamente insolidarios y egoístas con la mínima cosa que necesite su vecino.

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