Vigesimosegunda entrega. Los tíos no hablamos entre nosotros de sentimientos
(útil para las mujeres)
Si hiciese caso a Baltasar Gracián en sus recomendaciones de brevedad, esta entrega debería acabar con sólo el mismo enunciado del título. Porque de hecho no hay mucho más que decir. Me extenderé algo más solo porque creo que estamos ante uno de los escollos típicos de la incomprensión entre hombres y mujeres.
No es cierto de los hombres solo hablemos de sexo, de deportes y de trabajo. Hablamos mucho de sexo, de deportes y de trabajo, por supuesto, pero la variedad de temas de nuestras conversaciones aumenta con la confianza y con el nivel cultural de los participantes. Bien es cierto que, como si se tratase de un “suelo” básico, este crecimiento, que puede llegar incluso a la filosofía, parte sin embargo de los tres elementos “sexo, deportes y trabajo”.
Por mucho que nuestros temas de conversación se amplíen hay, sin embargo un aspecto que siempre queda fuera. Son los sentimientos. No hablamos de ello. Es así de simple. Puede pareceros extraño que incluso con los buenos amigos, con quienes pasamos muchos ratos, prácticamente nunca hablemos de tristezas o de depresiones ni mucho menos de enamoramientos, pero es así.
Nos gusta la compañía de los amigos, nos sentimos a gusto con ellos, compartimos tiempo y a veces aficiones. Incluso somos muy capaces de mantener viva la relación con los amigos de siempre por encima de las separaciones temporales o geográficas que las circunstancias de la vida a veces imponen, pero no nos hace falta hablar de sentimientos. O tal vez sí, pero somos incapaces. Da igual. El resultado es el mismo. Ni se nos pasa por la cabeza hablar de ello y ya está.
Y entonces ¿De qué habláis? Pues de todo aquello que nos ayude a mantenernos acompañados y que no nos enfrente. Por eso vosotras mismas, el fútbol y el trabajo nos resultan temas tan gratos. Pero podemos hablar también de viajes, de política, del coche, de libros, de música, de los problemas con los hijos (nunca de los sentimientos con ellos). Podemos recordar viejas anécdotas de nuestra amistad, contar chistes… Y podemos también hacer algo que resulta extraordinariamente cómodo y relajante: estar juntos sin hablar de nada.
Por eso importa que entendáis que es perfectamente posible que no sepamos cuántos hermanos tiene uno de nuestros buenos amigos, cuánto tiempo lleva en su actual trabajo, dónde estudió o qué curso estudian sus hijos. Que no os sorprenda.
